Slimbook: diez años demostrando que se puede competir en tecnología global sin deslocalizar.
Hace una década, Slimbook nació en València con una idea que rozaba la locura: diseñar y fabricar ordenadores propios en un sector dominado por gigantes multinacionales. Diez años después, la compañía fundada por Alejandro López Santacreu no solo ha sobrevivido, sino que ha logrado posicionarse a nivel internacional sin renunciar a sus valores: personalización, software libre, privacidad y ensamblaje en España.
Durante su entrevista en el espacio de Asociación de Jóvenes Empresarios de Valencia en Es la Mañana de Valencia y Castellón, Alejandro repasó el origen del proyecto, los retos de fabricar tecnología desde Valencia y las decisiones estratégicas que han marcado el crecimiento de la empresa.
“Nos dimos cuenta de que el mercado estaba lleno de volumen, pero vacío de soluciones adaptadas al cliente.”
Detectar lo que las grandes marcas no veían.
Slimbook nació al identificar una carencia clara en el mercado: las grandes marcas venden a escala, pero no escuchan necesidades específicas.
“Si tu solución no encaja en su modelo estándar, no les interesa”, explica Alejandro.
Ahí encontró su oportunidad: ofrecer ordenadores personalizados tanto para empresas como para particulares, con configuraciones adaptadas y un trato directo. Desde el inicio, Slimbook apostó fuerte por Linux, un sistema muy demandado por perfiles técnicos, programadores y entornos profesionales, sin renunciar a ofrecer equipos con Windows o dual boot.
Fabricar ordenadores implica asumir responsabilidades reales.
Alejandro reconoce que la idea tardó años en madurar.
“No es lo mismo distribuir que fabricar. Cuando fabricas, eres responsable del producto a nivel legal, técnico y de calidad en todo el mundo.”
Slimbook ensambla sus equipos en España, aunque parte de los componentes se fabrican en Asia, como ocurre en toda la industria tecnológica. La diferencia está en el control de calidad, la selección de proveedores y los estándares que exigieron desde el primer día, incluso cuando eso suponía remar contracorriente frente a fábricas poco acostumbradas a esos niveles de exigencia.
Servicio técnico propio: una decisión estratégica.
Uno de los pilares diferenciales de Slimbook es mantener su propio servicio técnico, algo poco habitual en el sector.
“Las grandes marcas externalizan el soporte y eso penaliza muchísimo al cliente”, afirma.
Slimbook apuesta por una atención cercana, ágil y flexible, especialmente para empresas. En muchos casos, envían piezas en menos de 24 horas para evitar parones de actividad, una solución impensable en los circuitos tradicionales.
“Tratamos al cliente como nos gustaría que nos trataran a nosotros.”
Crecer sin perder la cabeza (ni la identidad).
Durante estos diez años, Slimbook ha crecido de forma progresiva, sin grandes inversores y con financiación propia.
“La gente habla de suerte, pero la suerte llegó después de siete u ocho años de trabajo constante”, señala Alejandro.
Esa prudencia también les ha llevado a decir no a grandes oportunidades cuando el riesgo podía comprometer la empresa, incluso ante propuestas de grandes corporaciones.
“Crecer no es decir sí a todo; es saber cuándo todavía no estás preparado.”
Clientes que avalan el modelo.
Slimbook ha suministrado equipos a instituciones tan exigentes como la NASA, la Policía Nacional, universidades y centros de investigación.
Estos hitos no llegaron de la noche a la mañana, sino tras largos procesos de validación, certificaciones y adaptación a normativas internacionales.
“Cuando una institución así confía en ti, abre muchas puertas, pero primero tienes que demostrar mucho.”
Internacionalización con pasos firmes.
Hace cuatro años, Slimbook dio el salto internacional de forma estructurada, invirtiendo incluso en maquinaria propia para fabricar teclados en distintos idiomas y adaptarse a cada mercado.
Hoy, aproximadamente el 30% de su facturación procede del exterior, una cifra que crece año a año, con Europa como mercado principal.
Ese crecimiento fue reconocido recientemente con el Premio AJEV a la Internacionalización, un impulso moral y de visibilidad para todo el equipo.
Tecnología con valores.
Slimbook no quiere ser la más grande, sino ser coherente.
Privacidad, sostenibilidad, control del producto y cercanía con el cliente forman parte de su ADN.
“Las empresas las hacen las personas. Y si tienes personas con capacidad de aprender y mejorar, tienes el mayor activo posible.”
Slimbook demuestra que desde Valencia se puede crear tecnología competitiva a nivel global, sin deslocalizar, sin perder identidad y sin renunciar a hacer las cosas bien, aunque el camino sea más largo.
Entrevista completa: