Entrevista a Charo Bricio, fundadora de Maquilladora de Sonrisas

Charo Bricio: “Quiero que las personas aprendan a mirarse al espejo con amor”.

La imagen personal no debería construirse desde la exigencia, la comparación o la presión por alcanzar una versión perfecta de uno mismo. También puede ser una herramienta de reconocimiento, autocuidado y reconciliación con la propia imagen. Esa es la filosofía que impulsa Maquilladora de Sonrisas, el proyecto fundado por Charo Bricio, asesora de imagen especializada en maquillaje y colorimetría.

Durante su entrevista en el espacio de AJEV, Asociación de Jóvenes Empresarios de Valencia, en Es La Mañana de Valencia y Castellón de Es Radio, Bricio explicó cómo su trabajo va mucho más allá de maquillar. Su objetivo es acompañar a las personas para que se reencuentren con su imagen de una forma amable, aprendan a mirarse con menos juicio y descubran qué herramientas necesitan para sentirse mejor frente al espejo.

Un proyecto que nace de una sonrisa frente al espejo.

El nombre Maquilladora de Sonrisas no es casual. Charo Bricio lo eligió al darse cuenta de que, al final de muchos de sus servicios, se repetía una misma escena: una persona se miraba al espejo, se reconocía y sonreía.

Esa sonrisa se convirtió en el verdadero sentido del proyecto. Más que transformar un rostro, el maquillaje podía ayudar a generar una experiencia emocional: verse bien, sentirse reconocida y recuperar una relación más amable con la propia imagen.

Para Bricio, el maquillaje no consiste en ocultar, corregir o fabricar una versión artificial de alguien, sino en utilizar herramientas de imagen para potenciar lo que ya existe y devolver seguridad.

De 20 años en el comercio a emprender desde la imagen.

Aunque el proyecto nació oficialmente en 2021, Charo Bricio reconoce que llevaba mucho más tiempo gestándose. Tras dos décadas trabajando en el comercio, desarrolló una sensibilidad especial hacia la comunicación no verbal, la escucha y la atención real a las necesidades de las personas.

Durante esos años aprendió a observar qué pedía un cliente, pero también qué necesitaba de verdad. Esa diferencia marcó profundamente su manera de entender la imagen personal. No se trataba de empujar a comprar productos, sino de recomendar con sentido, acompañar y ayudar a elegir mejor.

El salto al emprendimiento llegó después de dejar atrás una profesión consolidada y volver a formarse cerca de los 40 años, con una familia y sin tener completamente claro cuál sería el siguiente paso. Fue una decisión exigente, marcada por la formación, el sacrificio y la conciliación, pero también por la intuición de que había un camino propio que merecía ser explorado.

Maquillaje sin presión y sin compras innecesarias.

Uno de los elementos diferenciales de Maquilladora de Sonrisas es su forma de entender los cursos de automaquillaje. Charo Bricio no busca que sus clientas salgan con una lista infinita de productos que comprar, sino con algo mucho más valioso: el conocimiento necesario para saber qué necesitan y cómo utilizarlo.

En sus sesiones, el objetivo es que cada persona entienda qué productos encajan con su piel, su estilo, sus rutinas y sus expectativas. No se trata de acumular maquillaje, sino de aprender a usarlo de forma consciente.

Por eso, Bricio habla de entregar un “superpoder”: la capacidad de mirarse, comprenderse y tomar decisiones propias sobre la imagen. Esa filosofía la aleja de modelos puramente comerciales donde el éxito se mide únicamente por la venta de producto.

Mirarse con amor en tiempos de filtros.

El proyecto de Charo Bricio también nace como respuesta a una realidad muy presente: la influencia de las redes sociales en la percepción de la propia imagen. Vivimos rodeados de fotografías editadas, filtros, rostros aparentemente perfectos y contenidos rápidos que pueden alimentar la comparación constante.

Frente a esa corriente, Maquilladora de Sonrisas propone detenerse y mirar de otra manera. Bricio señala que muchas veces somos nuestro peor juez: nos miramos al espejo buscando defectos, diferencias, arrugas, o detalles que no encajan con una imagen idealizada.

Su propuesta consiste en trabajar la imagen desde el autocuidado y no desde el castigo. El maquillaje puede ser una herramienta poderosa, pero solo si se utiliza para acompañar, no para esconderse. Para ella, si una persona no aprende a mirarse con amor, el servicio no ha cumplido del todo su objetivo.

Colorimetría, asesoría de imagen y escucha activa.

La especialización de Charo Bricio combina asesoría de imagen, maquillaje y colorimetría, pero su método parte siempre de la escucha. Antes de aplicar una técnica o recomendar un producto, necesita entender a la persona: qué busca, qué le incomoda, qué rutinas tiene, qué imagen quiere proyectar y qué relación mantiene con su propio reflejo.

Esa escucha activa permite que la asesoría sea personalizada y no una fórmula estándar. La colorimetría, por ejemplo, ayuda a identificar qué tonos favorecen más a cada persona, pero el verdadero valor está en conectar esa información con su estilo de vida, su personalidad y sus necesidades reales.

El resultado no busca imponer una imagen, sino ayudar a que cada persona se reconozca mejor.

Una forma de emprender a contracorriente.

Charo Bricio reconoce que su manera de trabajar va, en cierto modo, a contracorriente. En un sector donde muchas veces se mide el éxito por vender más productos o generar una necesidad constante de consumo, ella apuesta por la conciencia, la honestidad y el acompañamiento.

Esa decisión no siempre es el camino más rápido, pero sí el que más encaja con su propósito. Su proyecto avanza “como un caracolito”, como ella misma expresa: despacio, con pasos pequeños, pero con una dirección clara.

Esa forma de emprender también revela una manera de entender la empresa: crecer sin perder la esencia, sin traicionar los valores y sin convertir el autocuidado en una nueva forma de presión.

Docencia: enseñar también es seguir aprendiendo.

Además de su trabajo como asesora de imagen, Charo Bricio compagina el emprendimiento con la docencia. Desde hace dos años imparte formación vinculada al maquillaje y al sector audiovisual, una faceta que llegó antes de lo que ella había imaginado.

Para Bricio, enseñar ha sido también una forma de aprender. La relación con los alumnos le permite revisar sus propias ideas, mantenerse activa, conectar con nuevas generaciones y replantearse constantemente su manera de trabajar.

Esa mirada encaja muy bien con el emprendimiento: estar siempre en revisión, observar qué funciona, qué necesita cambiar y cómo seguir creciendo sin dejar de escuchar.

Emprender con familia, esfuerzo y equipo.

La historia de Maquilladora de Sonrisas también habla de conciliación y apoyo. Volver a estudiar, trabajar, emprender y ser madre no fue un camino sencillo. Bricio reconoce el papel de su familia y, especialmente, de su pareja, a quien considera parte fundamental del proyecto.

Esta dimensión humana es importante porque detrás de muchos emprendimientos hay esfuerzos invisibles: horas de formación, renuncias, miedos, dudas, organización familiar y mucha constancia.

El proyecto no nace únicamente de una oportunidad de negocio, sino de una transformación personal y profesional sostenida durante años.

AJEV como abrigo para emprendedores.

Este año, Charo Bricio se ha incorporado a AJEV, una asociación que llevaba tiempo observando desde fuera. Como muchas emprendedoras, reconoce haber convivido con la sensación de impostora y con la duda de si ese era su lugar.

Finalmente, decidió dar el paso. Para ella, AJEV, Asociación de Jóvenes Empresarios de Valencia, representa un espacio de abrigo donde compartir experiencias con otros emprendedores, aprender, formarse y encontrarse con personas que viven retos similares.

Además, este año ha presentado su candidatura a los premios de la asociación, un paso que vive con emoción y también con vértigo. Para Bricio, las oportunidades que están llegando no son casualidad, sino el resultado de muchas semillas plantadas durante años.

Maquilladora de Sonrisas: imagen, autocuidado y reconocimiento.

En definitiva, Maquilladora de Sonrisas es mucho más que un proyecto de maquillaje. Es una propuesta que une imagen personal, formación, colorimetría, autocuidado y escucha para ayudar a las personas a relacionarse mejor con su reflejo.

Charo Bricio ha construido una forma de trabajar que no busca vender una imagen perfecta, sino acompañar a cada persona a reconocerse con más amor y menos juicio. Porque el maquillaje puede embellecer, pero también puede convertirse en una herramienta para recordar algo más profundo: que mirarse bien empieza por aprender a mirarse mejor.

Entrevista completa: