APRO Formación y Prevención: convertir la seguridad en una herramienta real para el día a día.
“La prevención no es un tostón, es lo que hace que vuelvas a casa.”
Con esta convicción trabaja Josep Antoni Rosell Talens, cofundador de APRO Formación y Prevención, una empresa valenciana especializada en formación técnica y prevención de riesgos laborales que nace con un objetivo claro: dejar atrás la prevención entendida como burocracia y convertirla en algo útil, práctico y aplicable.
En el espacio de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Valencia, Rosell explicó cómo, junto a su socio Héctor Aparicio, decidieron emprender tras ocho años trabajando como técnicos en prevención y detectar una carencia evidente en el sector.
“La gente piensa que la prevención es que alguien viene a multarte. Nosotros queremos que entiendan que es para ellos.”
De técnicos a emprendedores: cuando la vocación pesa más que la comodidad.
Josep (32 años) y Héctor (33) comenzaron prácticamente a la vez su trayectoria profesional en el ámbito de la prevención. Durante años trabajaron dentro de otras estructuras, viendo cómo muchas formaciones se impartían “por cumplimiento” y no por convicción.
“Veíamos muchas deficiencias. Mucha formación monótona, poco aplicada, poca conexión con la realidad.”
Ese diagnóstico fue el germen de APRO. No se trataba solo de abrir una empresa, sino de cambiar la forma de enseñar prevención.
Formación que cala o formación que se olvida.
Uno de los puntos más insistentes de Rosell durante la entrevista fue la diferencia entre recibir formación y entenderla.
En sectores como construcción, metal o industria —donde el riesgo es alto— la formación obligatoria de 20 horas por convenio es requisito indispensable. Pero la cuestión no es cumplir, sino que el contenido transforme hábitos.
“Yo intento darle la vuelta al calcetín. Que lo que vean en clase lo apliquen al día siguiente.”
En sus sesiones:
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Plantea situaciones reales.
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Hace que cada trabajador analice su propio método de trabajo.
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Introduce checklists individuales de organización.
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Interrumpe la monotonía para mantener la atención.
“Si veo que están con los ojos abiertos, seguimos. Si bajan el ritmo, paramos cinco minutos. Es una montaña rusa.”
La prevención, para APRO, no puede ser un PowerPoint leído.
Construcción e industria: donde el riesgo no admite atajos.
Los sectores donde más trabajan comparten algo evidente: la siniestralidad.
Trabajar en altura, manejar carretillas, plataformas elevadoras o puentes grúa no deja margen para improvisaciones.
Uno de los mayores problemas detectados es que muchos trabajadores han usado maquinaria durante años sin formación específica.
“En carretillas, los accidentes suelen venir por falta de formación o por exceso de confianza.”
Por eso APRO apuesta por formación presencial, práctica, tocando la máquina, subiendo a ella, probando situaciones reales. Para ellos, hacerlo online no genera el mismo impacto.
“Si no lo ves, no lo tocas y no lo pruebas, no eres consciente del riesgo.”
El eterno conflicto: prevención como obligación vs prevención como inversión.
Rosell reconoce que todavía existe resistencia, especialmente en generaciones formadas bajo otras dinámicas.
“Muchos dicen: me pongo el casco porque me obligan.”
Pero observa un cambio progresivo. Las nuevas generaciones vienen con mayor cultura preventiva, con formación reglada donde la seguridad ya forma parte del aprendizaje.
La evolución normativa desde 1995 ha ido endureciendo exigencias, pero también normalizando hábitos.
“Antes íbamos en moto sin casco. Hoy nadie sale sin él. Esto es igual.”
Coordinación de Actividades Empresariales (CAE): el gran quebradero de cabeza.
Si hay un área que genera estrés empresarial es la Coordinación de Actividades Empresariales.
Cuando varias empresas coinciden en un mismo espacio de trabajo, la ley exige intercambio documental, verificación de formación, certificados, seguros, contratos, protocolos…
Un simple documento mal firmado puede impedir la entrada a obra.
Rosell relató el caso de un empresario que llevaba días sin dormir intentando subir documentación a plataformas digitales, viendo cómo le rechazaban papeles y estaba a punto de perder un contrato.
Ahí es donde APRO interviene.
“Nosotros sabemos lo que te van a pedir y cómo lo quieren.”
Gestionan documentación, coordinan con asesorías, supervisan subcontratas y mantienen al día las plataformas digitales.
El objetivo no es solo cumplir, sino evitar que la burocracia bloquee el negocio.
¿Burocracia o prevención real?
La CAE tiene dos caras:
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La administrativa: papeles, firmas, plataformas.
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La preventiva: protocolos reales que el trabajador debe conocer.
Rosell destaca un problema frecuente: trabajadores que firman documentos sin saber lo que han firmado.
Y cuando incumplen algo que estaba documentado, el resultado puede ser la expulsión inmediata de la obra.
“Firmar sin leer puede costarte el trabajo.”
Por eso su equipo revisa documentación con detalle y asesora antes de que el trabajador acceda al centro.
De autónomos desorientados a grandes compañías.
APRO trabaja con perfiles muy variados:
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Autónomos recién constituidos.
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Pymes en crecimiento.
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Empresas de más de mil trabajadores.
La filosofía es clara: acompañar a todos por igual.
“La empresa grande nos aporta facturación, la pequeña nos aporta relaciones y crecimiento.”
Además, trabajan junto a servicios de prevención externos como Sexaprevención, con quienes comparten sinergias y confianza profesional.
Un proyecto joven con mentalidad de largo recorrido.
Aunque APRO como empresa es reciente, su bagaje técnico les permite detectar hacia dónde evoluciona el sector:
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Mayor digitalización.
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Más inspecciones.
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Mayor exigencia documental.
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Más conciencia social sobre seguridad.
El cambio no es inmediato, pero es progresivo.
“Cada vez más empresas nos llaman antes de empezar. Eso significa que algo está cambiando.”
Entrevista completa: