Raquel López (Ethiceye): “La inteligencia artificial no es ética ni responsable, somos las personas quienes debemos serlo”
La fundadora de Ethiceye, consultora valenciana especializada en ética y gobernanza de la inteligencia artificial, defiende la necesidad de formar a empresas y centros educativos para utilizar la tecnología con criterio, responsabilidad y pensamiento crítico.
La inteligencia artificial está transformando la manera en que trabajamos, aprendemos y tomamos decisiones. Cada semana aparecen nuevas herramientas capaces de automatizar procesos, generar contenidos y realizar tareas que hasta hace poco parecían exclusivamente humanas. Sin embargo, en medio de esta revolución tecnológica surge una pregunta fundamental: ¿estamos aprendiendo a utilizar la inteligencia artificial o simplemente a manejar sus herramientas?
Esa es la reflexión que impulsa Raquel López, fundadora y directora de Ethiceye, una consultora valenciana especializada en ética, gobernanza y alfabetización en inteligencia artificial que acompaña a empresas y centros educativos en la adopción responsable de esta tecnología.
Durante su entrevista en el espacio de AJEV, Asociación de Jóvenes Empresarios de Valencia, en Es La Mañana de Valencia y Castellón de esRadio, López explicó por qué considera imprescindible ir más allá de los prompts, las automatizaciones y las aplicaciones de moda para desarrollar algo mucho más importante: el criterio necesario para decidir cómo, cuándo y para qué utilizar la IA.
Ethiceye: una consultora que pone el foco en las personas, no en las herramientas
Ethiceye nace de una inquietud profesional y personal de Raquel López, que llevaba años vinculada a la formación tecnológica y al ámbito educativo.
Después de trabajar en formación sobre herramientas de inteligencia artificial, detectó una carencia que se repetía entre estudiantes, docentes y profesionales: las personas aprendían a utilizar aplicaciones, pero no siempre comprendían suficientemente cómo funcionaban, qué implicaciones tenían o qué riesgos podían surgir de su utilización.
De esa preocupación nació Ethiceye, un proyecto empresarial puesto en marcha en 2026 que busca cambiar el enfoque de la formación en inteligencia artificial.
Su propuesta no consiste únicamente en enseñar a utilizar herramientas digitales, sino en ayudar a desarrollar una comprensión más profunda de la tecnología, sus posibilidades, sus limitaciones y las responsabilidades asociadas a su uso.
Porque conocer una herramienta no significa necesariamente saber utilizarla correctamente.
La inteligencia artificial no tiene ética propia
Una de las ideas centrales que defendió Raquel López durante la entrevista fue que la responsabilidad ética no corresponde a la inteligencia artificial, sino a las personas que la desarrollan, implementan y utilizan.
La tecnología puede procesar información, generar respuestas o automatizar decisiones, pero corresponde a los seres humanos establecer los límites, valorar las consecuencias y decidir qué usos resultan apropiados.
Por eso, Ethiceye trabaja cuestiones como la privacidad, la transparencia, la responsabilidad, la equidad y la inclusión, principios que deben incorporarse a los procesos empresariales y educativos cuando se utiliza inteligencia artificial.
Esta visión conecta con una necesidad creciente: evitar que la adopción tecnológica se convierta en una carrera por incorporar herramientas sin detenerse a valorar sus implicaciones.
Para Raquel López, la ética no debería tratarse como un complemento que se añade al final de un proyecto tecnológico, sino como una parte esencial de su diseño y utilización.
Del entusiasmo tecnológico al pensamiento crítico
La velocidad a la que evoluciona la inteligencia artificial es uno de los aspectos que más preocupan a la fundadora de Ethiceye.
En muy poco tiempo hemos pasado de interactuar con sistemas conversacionales a utilizar herramientas capaces de desarrollar procesos cada vez más autónomos. Esta evolución ofrece enormes posibilidades, pero también aumenta la dificultad para comprender qué hacen realmente estos sistemas y hasta dónde podemos confiar en sus resultados.
A ello se suma otro fenómeno que Raquel López considera especialmente relevante: la desinformación y la influencia de la inteligencia artificial en la manera en que percibimos la realidad.
Las respuestas automatizadas, los contenidos generados artificialmente y los algoritmos que condicionan buena parte de nuestra experiencia digital pueden influir en nuestras opiniones y decisiones.
Por eso, Ethiceye sitúa el pensamiento crítico en el centro de su metodología. El objetivo no es desconfiar sistemáticamente de la tecnología, sino aprender a cuestionar sus respuestas, contrastar la información y conservar la capacidad de análisis.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a pensar, pero no debería sustituir nuestra responsabilidad de hacerlo.
Los riesgos de utilizar IA en una empresa sin criterios definidos
Uno de los grandes desafíos actuales para las empresas es que la inteligencia artificial ha entrado en el entorno laboral con una rapidez superior a la capacidad de muchas organizaciones para establecer normas internas.
Es habitual que los empleados utilicen herramientas digitales para redactar documentos, resumir información, analizar datos o agilizar tareas. Sin embargo, no siempre existe una política clara sobre qué herramientas pueden utilizarse, qué información puede compartirse o qué decisiones deben permanecer bajo supervisión humana.
Raquel López señaló especialmente los riesgos relacionados con la privacidad y el tratamiento de datos sensibles.
Cuando un trabajador introduce información empresarial en una herramienta externa sin conocer sus condiciones de uso, puede estar exponiendo datos que requieren protección.
Otro de los riesgos aparece cuando se delegan decisiones relevantes en sistemas automatizados sin comprender sus limitaciones.
Por eso, la labor de Ethiceye consiste en ayudar a las organizaciones a desarrollar criterios de utilización, formar a sus equipos y establecer unas bases que permitan aprovechar las ventajas de la tecnología sin perder el control sobre sus procesos.
El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial y la alfabetización en IA
La formación en inteligencia artificial ya no responde únicamente a una recomendación de buenas prácticas. También forma parte del nuevo marco regulatorio europeo.
Durante la entrevista, Raquel López se refirió al artículo 4 del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act), dedicado a la alfabetización en esta tecnología.
La disposición, aplicable desde febrero de 2025 y modificada en julio de 2026, establece que los proveedores y responsables del despliegue de sistemas de inteligencia artificial deben adoptar medidas para apoyar el desarrollo de conocimientos sobre IA entre el personal que utiliza estos sistemas en su nombre.
La normativa tiene en cuenta aspectos como la experiencia, la formación, los conocimientos técnicos y el contexto concreto de utilización, sin exigir que cada persona alcance un nivel específico de alfabetización.
Este enfoque conecta directamente con el trabajo de Ethiceye: la formación en IA debe adaptarse a las necesidades reales de cada organización.
No necesita los mismos conocimientos una persona que utiliza herramientas de apoyo para tareas administrativas que un profesional que participa en procesos donde la tecnología puede afectar a otras personas o a decisiones importantes.
La alfabetización en IA, por tanto, no consiste simplemente en aprender a escribir mejores instrucciones. También implica comprender los riesgos, identificar las limitaciones y saber cuándo es necesaria la intervención humana.
La inteligencia artificial en la educación: un desafío para docentes y estudiantes
La trayectoria de Raquel López en el ámbito educativo marca profundamente la filosofía de Ethiceye.
La incorporación de herramientas de inteligencia artificial a los centros de enseñanza está transformando la forma en que los estudiantes realizan sus trabajos, buscan información y desarrollan sus actividades académicas.
Esta situación plantea importantes desafíos al profesorado, especialmente en cuestiones relacionadas con la evaluación, las metodologías educativas y el desarrollo de competencias propias.
¿Cómo evaluar el aprendizaje cuando un estudiante puede generar un texto completo con inteligencia artificial? ¿Qué conocimientos debe adquirir realmente? ¿Cómo incorporar estas herramientas sin perder habilidades fundamentales?
Para López, la solución no pasa únicamente por prohibir o permitir determinadas aplicaciones, sino por repensar cómo se enseña, cómo se aprende y cómo se evalúa.
Desde Ethiceye acompaña a centros educativos y docentes en este proceso de adaptación, ayudándoles a encontrar formas de integrar la inteligencia artificial con sentido pedagógico.
Enseñar a los alumnos cómo funciona la tecnología
Una de las líneas de trabajo de Ethiceye se centra en la alfabetización en inteligencia artificial para estudiantes de educación superior.
El objetivo es que quienes pronto se incorporarán al mercado laboral no se limiten a utilizar herramientas, sino que comprendan sus fundamentos.
Los programas formativos abordan cuestiones como el funcionamiento de los algoritmos, la utilización de datos, la privacidad, la desinformación y la interpretación crítica de los contenidos generados por sistemas de IA.
Raquel López también destaca la importancia de conectar esta formación con fenómenos digitales que forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes, como las redes sociales.
Entender cómo funcionan los sistemas que seleccionan información, recomiendan contenidos o generan respuestas permite desarrollar una relación más consciente con la tecnología.
En este sentido, la educación en inteligencia artificial también es una forma de educación digital y ciudadana.
El objetivo final es que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin renunciar a su autonomía, su creatividad o su capacidad para cuestionar la información que reciben.
Gobernanza de la IA: incorporar responsabilidad a las decisiones empresariales
Además del ámbito educativo, Ethiceye desarrolla su actividad acompañando a empresas que necesitan incorporar criterios de responsabilidad a sus procesos tecnológicos.
La gobernanza de la inteligencia artificial consiste en establecer principios, responsabilidades y procedimientos que orienten su utilización dentro de una organización.
Esto supone plantearse preguntas que van mucho más allá de elegir una herramienta: ¿quién decide cómo se utiliza la IA? ¿Quién supervisa sus resultados? ¿Qué información puede procesarse? ¿Cómo se detectan posibles errores? ¿Qué decisiones no deberían automatizarse?
Para muchas pymes, estas cuestiones pueden parecer lejanas o propias de grandes empresas tecnológicas. Sin embargo, también afectan a cualquier organización que incorpore sistemas de inteligencia artificial a su actividad.
Ethiceye apuesta por una aproximación adaptada a cada contexto empresarial, en la que la formación y la comprensión de los riesgos sirvan como punto de partida para una utilización más responsable.
Porque la transformación digital no consiste únicamente en hacer más cosas con menos recursos. También implica saber qué decisiones estamos tomando y qué consecuencias pueden tener.
De la estabilidad profesional a emprender en un sector emergente
La historia de Ethiceye también es una historia de transformación personal y emprendimiento.
Raquel López procedía del ámbito del funcionariado, un entorno caracterizado por una estructura profesional más estable. Dar el salto a un proyecto empresarial propio supuso enfrentarse a una incertidumbre que reconoce que todavía forma parte de su día a día.
Pasar de una organización con procedimientos establecidos a construir una empresa desde cero exige asumir nuevas responsabilidades, tomar decisiones constantes y aprender a gestionar la incertidumbre.
Durante la entrevista destacó la importancia de rodearse de personas que crean en el proyecto y compartan sus valores.
Esa búsqueda de una red de apoyo ha sido especialmente importante en una actividad vinculada al sector tecnológico, donde también considera necesario reforzar la visibilidad de las mujeres emprendedoras.
AJEV y la importancia de dar visibilidad al emprendimiento tecnológico femenino
Para Raquel López, formar parte de AJEV, Asociación de Jóvenes Empresarios de Valencia, representa una oportunidad para conectar con otros profesionales, dar visibilidad a su proyecto y encontrar acompañamiento en el camino empresarial.
Durante su intervención en esRadio valoró especialmente el papel de la asociación como red de apoyo para quienes están construyendo nuevos negocios.
También subrayó la importancia de dar voz a mujeres que emprenden en el ámbito tecnológico, un sector en el que considera que todavía es necesario aumentar la visibilidad de sus proyectos y referentes.
La participación de Ethiceye en el espacio de AJEV refleja cómo el ecosistema empresarial valenciano continúa incorporando iniciativas vinculadas a algunos de los grandes retos actuales: inteligencia artificial, educación, ética y transformación digital.
Ethiceye: aprender a decidir en la era de la inteligencia artificial
En definitiva, Ethiceye representa una manera de entender la inteligencia artificial que sitúa a las personas por delante de las herramientas.
La propuesta de Raquel López parte de una idea fundamental: la tecnología puede ayudarnos a ser más eficientes, acceder a información y desarrollar nuevas capacidades, pero debemos comprenderla suficientemente para utilizarla de manera responsable.
En un momento en el que las organizaciones compiten por incorporar las últimas innovaciones, Ethiceye propone detenerse también en las preguntas que realmente importan: qué queremos conseguir, qué riesgos estamos asumiendo y qué decisiones deben seguir dependiendo de nosotros.
Porque el verdadero avance no consiste solo en disponer de una inteligencia artificial cada vez más potente, sino en desarrollar el criterio humano necesario para utilizarla mejor.
Entrevista completa: